La modelación de nuestro cuerpo es una de las obsesiones de la belleza del siglo XXI, las máquinas que aplican este efecto sobre él, acceden al interior del organismo y sin necesidad de abrirlo, pueden explorar y reparar cualquier órgano que deseemos reformar.
La obsesión de esculpir la figura, hace que apliquemos técnicas quirúrgicas de alta precisión para realizar los tratamientos, siendo más precisos de esta forma de remodelación. Reducir la celulitis, el eliminar la flacidez de los músculos… son algunas de las peticiones que las pacientes piden a los especialistas estéticos.
Con estas tecnologías, se evitan las incisiones, los puntos de sutura y las cicatrices. Con anestesia y sin hospitalización, realizando al día siguiente vida normal, todo un lujo que el ser humano ha logrado con estos descubrimientos.
El escáner, permite visualizar el interior de las zonas que se van a tratar y determina la grasa que se ha de eliminar para un resultado óptimo. Los aparatos de última generación, mandan la energía necesaria y directa hacia los depósitos grasosos que van a ser tratados.
Las energías más utilizadas son la láser, radiofrecuencia y ultrasonidos, aunque todo depende del caso a tratar, incluso hay veces que se puede utilizar más de una de estas, es decir ejercer su combinación. Estas energías atraviesan la piel, el tejido graso y desintegra los excesos de esa grasa sobrante que anteriormente se selecciona. El efecto es una contracción de la piel, como un lifting, que reduce la flacidez. La grasa sobrante se expulsa fisiológicamente, los restos que pudieran quedar se retiran mediante incisiones milimétricas, sin puntos ni suturas. Son aquellas zonas en donde la energía no ha podido llegar o ha sido más resistente.