Llama la atención ver en las calles a muchachos o muchachas jóvenes hacer piruetas en los aires, saltar contra una pared haciendo un rol, saltear autos o terrazas con una brecha considerable de distancia, trasladarse tal cual monos sobre postes o correr a grandes velocidades tras lo cual llega un salto magnifico.
Esta práctica tiene un nombre; se la conoce bajo el apodo de “Parkour”. Si bien podemos hipotetizar que se trata de un nuevo deporte, esto no es correcto dado que no hay competencia y sus practicantes la consideran pura disciplina.
Es alrededor de los años ´80, cuando en Lisses, un pueblo a las afueras de Paris, surge el primer grupo que se dedica a poner su cuerpo en movimiento a través de los obstáculos que el escenario público les ofrece.
El nombre “Parkour” tiene su origen en la palabra francesa cuyo significado es nada más ni nada menos que el de “recorrido”, representativo de la disciplina en tanto que ésta implica ir de un punto a otro, de modo rápido, efectivo y fluido, enfrentándose a los obstáculos que se presentan en el camino urbano y en los escenarios naturales, superando conjuntamente las propias limitaciones.
De allí que quienes practican Parkour, denominados Traceur (traza-líneas), siguen toda una filosofía de vida que comprende la posibilidad de autosuperación y lucha, afrontando los miedos para poder ir más lejos, siguiendo el “principio del arte del desplazamiento” que consiste en alcanzar un cuerpo, un espíritu y un hombre fuerte.
Por otra parte, con esta disciplina, se intenta fomentar valores como la hermandad, la amistad, la familia, la lucha, el espíritu, el amor, el respeto y la paz.
Para practicarlo sólo se necesita del cuerpo propio, como principal vehículo y los obstáculos que la calle o un espacio abierto puedan ofrecer. Aunque claro que también hace falta entrenamiento y muchísimo esfuerzo y trabajo para lograr alcanzar tal performance.